Mientras Francia se convertía en un país enemigo durante la Primera Guerra Mundial, el café fue rebautizado “Montwaltner”, haciendo alusión a su dueño de entonces.
Según cuenta la leyenda, las personalidades más famosas de la literatura checa y alemana se reuníeron alguna vez en este café: Jaroslav Hašek, František Langer, los Longen, Eduardo Bass, Franz Kafka, Franz Werfel, Max Brod, Johannes Urzidil o Gustav Meyrink. El programa de las representaciones en checo, alemán y yiddish reflejaba la diversidad cultural de la ciudad. Egon Ervín Kisch, cuyas historias y anécdotas encantaban al público y quien fuera el primero en introducir el Tango en Praga, reinaba en este café como un verdadero emperador. Al realizar gran parte de la decoración del café además de sus carteles y del grafismo de los elementos de decoración, los artistas V. H. Brunner, František Kysela, Zdeněk Kratochvíl y Jiří Kroha contribuyeron también al éxito de este lugar. Los frescos que adornan la sala de baile, llamada “El infierno”, fueron realizados por V. H. Brunner, quien se inspiró del tema de los siete pecados capitales. Cada compartimiento que dividía el espacio llevaba un nombre muy poético: Agonía, Mimetismo, Edén etc.… y la “Mesa húmeda” tenía sus aficionados….
Varios cuadros cubistas, de carácter paródico, adornaban las paredes y la sala estaba completamente decorada en el estilo cubista-expresionista de Jiří Kroha. En aquel entonces, se celebraban misas negras frente al imponente altar cubista durante las cuales Waltner leía su misal a chicas vestidas con camisetas. Hoy en día resulta muy difícil saber si se trataba solo de de un gesto que expresaba una verdadera voluntad artística o de una mera diversión, de una parodia o de pura provocación. Uno de los carteles que Kysela realizó para el Café Montmartre representaba a una pareja bailando el “šlapák”, un baile popular muy apreciado por los “apaches”, más bien procedentes del barrio de Holešovice en Praga que de los barrios bajos de Paris. También se puede ver una cabeza salir del escenario: es la de Simche Feigenblatt, camarero del Montmartre y figura local. En uno de los carteles realizados por Kroha, se puede observar a una bailarina alborotada meneándose, rodeada por un batiburrillo de rostros cubistas (¿alegoría de las ruinas del antiguo mundo?). Al observar esta composición, es imposible no pensar en Ema Czadská, la legendaria novia de Kisch, apodada Emča Revoluce (Ema Revolución). Después de la guerra, el café Montmartre izó la bandera nacional para dar la bienvenida a la Primera República Checoslovaca mientras que los antiguos Bohemios, por la madrugada, se habían convertido en profesores, y el cubismo en un movimiento cultural de envergadura nacional.
En los años veinte, la insaciable energía de Waltner llevará a la creación de los cafés Dales y Montparnasse, así como también el Cabaré Babylon. A pesar de ello, ningún lugar tuvo tanta importancia como el Montmartre.
Texto escrito por Joseph Kroutvor
El café Montmartre
Řetězová 7, Praha 1, 110 00
Abierto de lunes a viernes desde las 10h hasta las 23h. Sábados, domingos y días festivos desde las 12h hasta las 23h.


















